Un Socio de CUBA en Alcatraz...

Francisco Castex corrió el Mundial de Laser Alma frente a Alcatraz, en la Bahia de San Francisco

Escribe Francisco:

Navego en Laser desde hace unos cinco años.  Es un barquito muy divertido que me hizo volver al deporte después de años de derecho y ocio.

Este año decidí, allá por febrero, anotarme para correr mi primer mundial. No sólo tenía ganas de participar en una competencia internacional sino que, además, el lugar ayudaba mucho a decidirme. Se hacía en San Francisco, Estados Unidos, justo frente a Alcatraz. La cárcel siempre atrae a un penalista.

Convencer a mi mujer fue la primera tarea. Nada sencilla, por cierto. Pero allí fui. Negocié unos días previos en New York. La tentadora oferta permitió una buena largada.

En marzo comenzó la preparación física y técnica. Ir al agua durante la semana, robando tiempo a la abogacía, fue una hermosa motivación. A comer bien tuve que aprender, lo que bastante esfuerzo me llevó.

Llegó el mes de julio y nos fuimos hacia el Norte.  Concluida la prometida visita a la costa este, nos esperaba la conquista del Oeste. Lo que nos demandó un día deambulando por el JFK y su par de Los Angeles. Después  de catorce horas, finalmente llegamos a San Francisco y encontramos nuestras valijas que habían viajado más rápido que nosotros. Al grito de Yupi mi hijo y yo fuimos en busca de un taxi que nos dejara en el bendito Hotel. A comer y a dormir, lo merecíamos.

Ya descansados, al día siguiente nos fuimos disparados para el Saint Francis Yacht Club. Ubicado en la boca de la bahía, justo enfrente del Golden Bridge y de Alcatraz. Lugar genial para navegar. Vientos fuertes, buena ola, aunque un poco fría el agua.

El equipo argentino estaba integrado por nueve timoneles. Nos reunimos en el club, preparamos los barcos, asistimos a la ceremonia inaugural y nos lanzamos a entrenar. La bahía de SF es muy brava por sus corrientes diversas e intensas, los que nos llevó mucho tiempo de aprendizaje.

Las regatas fueron durísimas!!!  Hasta un tiburón terminó subiéndose a uno de los barcos, el de mi amigo Carlitos Palombo. Flor de susto se pegó nuestro brillante timonel porteño.

La competencia fue terriblemente exigente y se notó la supremacía de los navegantes de Australia, Nueva Zelandia y Gran Bretaña. Todos ellos acostumbrados a los fuertes vientos. También los locales, y los casi locales de Canadá, demostraron que conocer la cancha es fundamental en este deporte.

La flota argentina terminó muy contenta su participación bebiendo y comiendo en cada tercer tiempo, donde disfrutamos hasta el hartazgo las sabrosas Indian Pale de Sierra Nevada.

Nos vemos en Australia, en nuestro próximo mundial.

 

Nota: Francisco quedo en el puesto 11o., el argentino mejor clasificado.

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